Bárbara Vidal
Quiero ser bióloga marina desde que tenía 9 años, y todo fue gracias a una muñeca.
Puede que te acuerdes de Monster High, una colección de muñecas que se lanzó en 2010 y que representaba a adolescentes hijas de monstruos clásicos como Drácula o Frankenstein. Una de ellas era Lagoona Blue, la hija del monstruo marino. La descubrí mientras miraba un catálogo de juguetes y se convirtió en mi favorita en cuanto la vi por primera vez.
Durante ese año estalló una auténtica fiebre por esas muñecas. Había tiendas con las estanterías vacías y carteles por la calle declarándolas totalmente AGOTADAS porque las niñas se habían vuelto locas por ellas.
Y bueno, yo fui una de esas niñas. Coleccionaba cromos y postales, veía todas las películas y vídeos que subían en su web y, cuando no, me pasaba el tiempo enganchada a sus minijuegos.
La primera (y única) colección que he completado en mi vida ha sido el álbum de postales de Monster High. A veces mi hermana y yo dibujábamos nuestras propias postales y las intercambiábamos con nuestras amigas por las postales de verdad.

Un día publicaron el test oficial de “¿Qué Monster High eres?”. Las respuestas eran muy intuitivas (en “¿Cuál es tu animal favorito?” aparecían las mascotas de los personajes), así que solo tenía que marcar la respuesta que mencionara algo “marino” para que me saliera Lagoona.
Pero cuando apareció la pregunta “¿Qué quieres ser de mayor?” vi que una de las respuestas era: “D.- Bióloga marina”. Recuerdo quedarme MUY sorprendida y pensativa mirando esas palabras. Parecía algo de ciencias, ¿no? Pero hasta entonces yo creía que “ser científica” era mezclar líquidos de colores en vasos de cristal. ¿Y cómo que “marina”? ¿Es que existían personas que trabajaban en el mar, o que se dedicaban a investigarlo?
Fui corriendo a mi madre a preguntarle qué significaban esas palabras. Efectivamente, resulta que hay personas cuyo trabajo consiste en explorar los mares y océanos, en investigar la vida que hay en ellos y en ayudar a cuidarlos y protegerlos. Además, yo siempre he sido muy aventurera, y esa nueva idea de explorar el mar (que para mí estaba lleno de misterios) se me quedó grabada en la cabeza.
Así que volví corriendo al ordenador y marqué muy ilusionada la respuesta D.
Así es cómo descubrí la biología marina como profesión, aunque mi interés por el mundo marino viene de mucho antes. Estoy muy segura de que, de haberlo averiguado de otra forma años más tarde, habría acabado en el mismo punto en el que estoy ahora.
Al final, yo siempre he sido una niña que ha tirado bastante por las ciencias y la naturaleza y, como mediterránea, el mar siempre ha estado muy cerca de mí.
Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, nuestro abuelo nos enseñaba una guía antigua de peces ilustrados. En ella me di cuenta de que, cuanto más grandes o peligrosos me parecían (como los tiburones), más curiosidad me daban. En ese libro vi por primera vez un tiburón ballena, que aparecía ilustrado como si fuera imponente y aterrador, aunque ahora sabemos que es totalmente inofensivo para nosotros. A día de hoy, sigue siendo mi animal favorito.
Mi gemela Andrea (a la derecha) y yo (a la izquierda), ya empezando a sentir curiosidad por los peces y por el mar.
Creo que no es muy normal que una persona tenga tan claro desde pequeña a qué se quiere dedicar en el futuro, aunque para mí fue una ventaja. Durante mis años de primaria e instituto tenía esa motivación con un objetivo en mente, y eso me ayudaba a sacar buenas notas y a tener buenos hábitos de estudio que me servirían para llegar a la universidad.
Y así acabé entrando en Ciencias del Mar en la Universidad de Alicante, mi ciudad.
Algo que me sorprendió bastante de la carrera es que no sales sabiéndote los nombres en latín de todas las especies marinas del mundo, como algunos pensábamos al principio. Ni siquiera se centra tanto en biología y zoología, al menos no principalmente.
Tuvimos una base muy buena en oceanografía física y química, ecología, geología, estadística, pesca y acuicultura. Y, obviamente, también de biología, zoología y botánica. El grado abarca muchas ramas, y a partir de ahí te puedes especializar en la que quieras.
Aunque yo siempre seguí en mi línea biológica, durante esos años le fui dando un enfoque. Estaba preocupada por el cambio climático, las especies invasoras, la contaminación marina y la sobrepesca. Ya no solo quería estudiar la vida marina, sino también defenderla. Y así fue como me decanté por la conservación.
En mi Trabajo de Fin de Grado (TFG) estudié cómo las corrientes oceánicas arrastran plásticos a lo largo de cientos de kilómetros hasta llegar a lugares tan alejados como las Islas Galápagos. Es preocupante que, incluso teniendo una Reserva Marina y estando a casi 1.000 km del continente más cercano, reciben plásticos desde otras partes de Sudamérica e incluso desde Asia.
Estos son algunos de los plásticos que encontré en las muestras de arena que analicé para mi TFG “Evaluación de la contaminación por plásticos y su distribución en las playas de las Islas Galápagos”, en la Universidad de Alicante.



Una vez terminada la carrera, por fin llegó el momento de especializarme.
En España, el Máster de Biología Marina se puede estudiar en Canarias o en Galicia. Aunque consideré ambas opciones, elegí Galicia y acabé entrando en la Universidade da Coruña (A Coruña).
Irme a Coruña fue como darle un vuelco a mi vida. Siempre había vivido con mi familia y mis amigos en Alicante, y salir de mi zona de confort para aparecer completamente sola en una ciudad diferente y llena de desconocidos me ATERRORIZÓ al principio. Pero cuando conocí a mis nuevas compañeras y me fui acostumbrando a la ciudad, me di cuenta de que ese cambio iba a ser para mejor.
El Máster duraba dos años: el primero era más “teórico” (ir a clase, estudiar y hacer exámenes) y el segundo estaba dedicado a las Prácticas externas y el Trabajo de Fin de Máster (TFM).
El primer año fue en parte un repaso de la carrera, aunque también aprendí muchas cosas nuevas sobre genética, biología del desarrollo, metabolismo y fisiología. Pero, sobre todo, me sirvió para desbloquear una nueva zona: el Atlántico. Cada costa tira para lo que tiene cerca, así que mucha información que aprendí en Ciencias del Mar estuvo influenciada por el Mediterráneo. Por esa misma regla, en Coruña pude descubrir las rías gallegas, los bosques de kelp, rocas cubiertas de mejillones incrustados a pie de playa, el marisqueo, olas inmensas y pulpos enormes.





Pero, aunque Galicia me gustó mucho, no quería quedarme con la espinita de no haber ido a Canarias, así que conseguí unas prácticas y un TFM en la Universidad de La Laguna (Tenerife). Después del gran paso de mudarme por primera vez, moverme a Tenerife fue mucho más fácil. La verdad es que ha sido una de las mejores etapas que he tenido en estos últimos años.
Si ya me había sorprendido el cambio entre el Mediterráneo y el Atlántico gallego, la diferencia con el Atlántico subtropical de Canarias me descolocó totalmente. El clima era buenísimo, el agua estaba clara y la vida marina no tenía nada que ver con lo que había visto hasta entonces.
A veces la gente me preguntaba qué estaba estudiando allí, y todos me decían lo mismo: que había elegido el mejor sitio y que Canarias es un paraíso. Y la verdad es que tenían razón.





Como ya tenía experiencia estudiando la contaminación por plásticos, esta vez quería probar algo nuevo.
Durante mis prácticas colaboré en un experimento sobre cómo puede afectar el cambio climático a las poblaciones de coral negro (Antipathella wollastoni) en Canarias. Más adelante participamos en otro estudio parecido sobre el coral copa naranja (Tubastraea coccinea), que además es una especie invasora en el archipiélago.
Algunas fotos del laboratorio durante el proyecto “Efectos del cambio climático sobre la reproducción y ciclo larvario de los bosques de coral negro constituidos por Antipathella wollastoni” y durante el muestreo para el experimento de Tubastraea, ambos en la Universidad de La Laguna.





Siguiendo esa misma línea, en mi TFM me centré en unas algas calcáreas muy curiosas que se llaman “rodolitos” o “mäerl”. Aunque a primera vista parecen rocas o corales (por su color rojizo y su textura dura y rugosa) en realidad son algas vivas que crecen lentamente y viven en el fondo del océano. Cuando sufren estrés (como el cambio climático), su color rojo se va perdiendo y se blanquean.
Fotos de mi TFM “Efectos del calentamiento y la acidificación oceánica sobre la respuesta ecofisiológica del rodolito Phymatolithon calcareum (Pallas) Adey & McKibbin en la isla de Tenerife”, realizado en la Universidad de La Laguna y desarrollado dentro del proyecto THINKINAZUL.



De hecho, puede que te suenen las “palomitas” de la “Playa de las Palomitas” en Fuerteventura (llamada realmente Playa del Mejillón), que en realidad son restos de rodolitos que las corrientes han ido llevando hasta la costa y se han ido acumulando en las playas.



Ahora que he terminado el Máster y que estoy de vuelta en Alicante, este año está siendo un poco diferente para mí.
La gente se suele tomar un año sabático al acabar la carrera, o se pone a trabajar para ahorrar y empezar el Máster más adelante. Yo nunca he tenido ese año de descanso, así que por primera vez estoy en una etapa de pausa e incertidumbre muy diferente a cuando iba a clase y sabía dónde iba a estar el año siguiente, y el siguiente, y el siguiente… Aunque a veces se siente rara, creo que es necesaria para hacer un ejercicio de introspección y pararse a pensar en lo que quieres hacer a partir de ahora.
La verdad es que estoy bastante contenta de cómo he conseguido ocupar mi tiempo libre.
Al terminar el máster tuve claro que quería seguir investigando, así que actualmente estoy buscando una tesis doctoral en conservación marina. Estoy barajando dos temáticas que, después de todo lo que te he ido contando, no te van a sorprender:
- Conservación de tiburones. Identificar especies amenazadas, estudiar cómo les afecta la pesca accidental y transmitir la importancia que tienen en el ecosistema y por qué es necesario protegerlos. Muchas personas todavía les tienen miedo y los siguen viendo como (literalmente) los “malos de la película”.
- Restauración de arrecifes. Después de haber trabajado con corales en experimentos sobre el cambio climático, me atrae mucho seguir por ese camino. Estoy muy interesada en la recuperación de arrecifes dañados a partir de estructuras artificiales o de la replantación de corales.
Al mismo tiempo, he empezado el Máster online en Bioinformática y Bioestadística por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que puedo compaginar con la búsqueda de tesis y que podré seguir cursando cuando empiece a trabajar. En la universidad, la estadística ha estado muy presente en mis trabajos, y creo que es una herramienta muy importante para cualquiera que se dedique a la investigación, al menos en ciencias biológicas. Al final, todos los trabajos deben ir acompañados de un análisis estadístico que te ayudan a obtener los resultados del experimento y a entenderlos.
También dedico parte de mi tiempo a la ilustración científica.
Llevo pintando desde que tengo memoria, pero no dibujé animales hasta mi segundo año de universidad. Nos pidieron hacer un “cuaderno de bitácora” en el que teníamos que dibujar las especies que veíamos en el laboratorio y, después de diseccionarlas, ilustrar su anatomía interna.
Me lo pasé genial haciéndolo, y un par de años después me creé una cuenta de Instagram (@stramonitart) para publicar mis ilustraciones. De momento es una cuenta bastante personal en la que subo dibujos de vez en cuando. Pero en el futuro sí que me gustaría que la ilustración formase más parte de mi trabajo científico. Mi sueño es acompañar mis proyectos con ilustraciones y, ojalá, ilustrar algún día una guía de especies.







Cuando hace buen tiempo, también aprovecho para bucear. Tengo el título de PADI Advanced Open Water, aunque mi idea es seguir avanzando y sacarme pronto el Rescue Diver. También me han recomendado sacarme algunos títulos náuticos, como el Patrón de Embarcaciones de Recreo (PER) y la Formación Básica en Seguridad Marítima, que vienen muy bien por si algún día quisiera trabajar a bordo de un barco.

Y ahora me ha surgido la oportunidad de participar en Nexus Cosmicus.
Es importante que las personas conozcan los avances de la ciencia, y eso puede conseguirse si los científicos transmiten bien sus conocimientos al público. Gracias a este proyecto puedo entrar en el mundo de la divulgación científica de una forma totalmente interdisciplinar. Colaboro con un equipo increíble lleno de especialistas en otras ciencias que se escapan completamente de mi rama de conocimiento. Así que, a la vez que sigo actualizándome en biología marina, aprendo cosas nuevas sobre física, ingeniería y otros aspectos de la naturaleza que probablemente nunca habría conocido si no fuera por este proyecto.
Además, también me da la oportunidad de aportar mi parte creativa y acompañar algunos artículos con mis ilustraciones. Al final, la ilustración científica no es más que una forma de divulgación.
Como puedes ver, he tenido una vida muy influenciada por un objetivo. Me fijaba en referentes como Sylvia Earle, Ocean Ramsey o Rachel Carson, y decía que quería ser una científica famosa e importante como ellas. Esta idea ha ido cambiando y madurando conmigo. Aunque quizá no vaya a “salvar el mundo” ni sea reconocida públicamente, sigo con la misma ilusión y las mismas ganas de hacer algo bueno que cuando era pequeña.
A mí me ayudó mucho tener una motivación fuerte, y creo que con ella puedes llegar a donde quieras. La realidad no es siempre tan fácil, pero tener un buen objetivo ayuda. Y si alguna vez te encuentras en un momento en el que necesitas darte un respiro, dedícale todo el tiempo que necesites. No es tiempo perdido: es una inversión que te servirá para aclarar tus ideas y que puedes aprovechar para hacer otras cosas que en otro momento no te sería tan fácil hacer.
Mientras tanto, espero que con mis artículos encuentres un huequito para desconectar y aprender un poco más sobre el 70% de agua que cubre nuestro planeta. Ojalá te sirvan para que puedas entenderlo mejor y, sobre todo, para despertar tu curiosidad.
La curiosidad es la base de la ciencia. La capacidad de mirar alrededor, formularse preguntas y obtener respuestas es lo que hace que la ciencia avance. A tu alrededor hay mil cosas que pueden despertar esa curiosidad por algo que merece la pena investigar.
Al final, la inspiración y la motivación pueden venir de cualquier parte. A mí me llegaron a través de una muñeca.
🪸 Bióloga marina + Ilustradora científica
🐚 Arte tradicional y digital
🌊 Alicante (España)
