Miguel Ángel Castillo
Probablemente este sea el artículo más «complejo» que he escrito hasta el momento aquí, básicamente por no saber ni qué poner. Normalmente, cuando redacto, no experimento el comúnmente llamado bloqueo del escritor, al contrario, todo suele fluir bastante, pero lo cierto es que no soy muy dado a hablar sobre mi.
La verdad es que me cuesta definirme y, aunque ante la pregunta «¿A qué te dedicas?» o «¿Qué has estudiado?» generalmente respondo con un escueto «ingeniero mecánico», por decir algo, como ejercicio mental evito encasillarme o autoasignarme etiquetas.
Como si de un mantra se tratara, siempre he huido de la tan ansiada especialización y, aunque quizá eso me haya alejado de muchas oportunidades debido a mi aparente «dispersión», creo que, en el fondo, soy fiel a mi propia forma de ver el mundo. De hecho, estoy convencido que detrás de todo, está Nexus Cosmicus y su visión tan holística.
Sobre mi
Desde pequeño he sido una mente inquieta, y la curiosidad siempre me acompañó, en ocasiones hasta la extenuación. Pasar horas jugando, pensando, o visualizando, era una constante. A día de hoy, tampoco ha cambiado mucho la cosa 🙂.
Un poco hiperactivo y desobediente a ratos, aunque responsable; raro era el fin de semana de mi infancia que no me daba algún porrazo o acababa en el hospital. Esto, pues tampoco ha cambiado mucho siendo sincero, y... por lo que sea, acostumbro a llevar un buen botiquín a mano en mis aventuras.
Aquí con la libreta que generalmente me acompañaba a donde fuera.

Me crie en Motril, una ciudad en la costa de Granada (España); y con unos 6 años, inducido por la pasión de mi padre por la pesca submarina, me inicié por primera vez en el submarinismo. Desde aquel día, que bajé la friolera de 2 metros de profundidad, he seguido saliendo al mar siempre que la ocasión me lo permite. Las sesiones maratonianas de apnea son una suerte de terapia, donde en un mundo hiperconectado y acelerado uno se puede permitir el lujo de ralentizar el paso del tiempo. Quizás esta fue mi primera conexión real con la naturaleza, y donde desperté esa conciencia ambiental en un entorno tan hostil para el medio marino como el litoral mediterráneo.

Mi primera foto probatoria de la contaminación de los mares, de altísima calidad, donde se puede apreciar una lata en el lecho, junto a rocas y erizos.

Libros de peces, insectos y muchos otros animales acompañaron mi infancia, pero sin embargo, no me planteé ser biólogo, aunque en ocasiones envidio su labor.
Algunos de los libros:

El primer nombre científico que aprendí: mola mola (pez luna). Sí, me fui a lo fácil, pero he de decir en mi defensa que el nombre mola 😜. No es el pez más "avispado" del océano pero tiene su encanto, y verlo en directo siempre es un espectáculo. Foto del libro original.
El segundo nombre que aprendí fue conger conger (congrio común / safio).

Desde los 13-14 años ya tenía claro que sería ingeniero industrial. La curiosidad por la tecnología también estaba presente, y quizá mi facilidad con el dibujo, los trabajos manuales y las sesiones cacharreando en el taller, hicieron el resto.
Sí, dibujar y pintar, ya sea a pincel, con aerógrafo o con spray, han estado entre mis aficiones, junto con el modelismo. Sin embargo, no conservo muchos dibujos, y los pocos que conservo son de cuando era bastante pequeño, básicamente porque dichos dibujos cayeron en manos de mis padres. Aquellos que estaban bajo mi custodia no corrían tanta suerte, lo que dibujaba un día, poco tiempo después lo tiraba porque consideraba que no estaba tan bien como debería. A día de hoy conservo un total de cero blocs. Aun con todo, en el colegio a veces me ganaba algún que otro euro trapicheando con mis dibujos. Todo un mercader en el patio del recreo.
Sinceramente, jamás he sentido que encajara en ningún sitio. Y aun así, no pasa nada: mis prioridades siempre han estado en otra parte.

En estos años todo fue normal académicamente hablando (aprobaba con buenas notas pero no era excelente). Algunos profesores he de decir que mostraron interés en mi "culturilla" general y mi enfoque abstracto, otros por el contrario rumoreaban que era disperso y me distraía con suma facilidad. Lo cierto es que, para bien o para mal, no he tenido muy en cuenta este tipo de sospechas que podía infundir en los demás. Simplemente me preocupaba de alimentar mi curiosidad, al margen de lo que opinaran otros.
En general era bastante pasota, no por rebeldía en ese sentido, más bien por desgana, y por la motivación de centrarme en mis cosas. Siendo franco, por las tardes nunca estudiaba; según la materia me levantaba el mismo día del examen entre una y tres horas antes de lo habitual. En bachiller también repetía esta jugada, y gracias a este sistema tenía bastante tiempo por las tardes para estar con mis temas. Spoiler: en la universidad, aunque más esporádicamente, lo he seguido practicando, por eso de darle un poco de emoción al asunto.
Por lo demás, en el horizonte seguía divisando mi trayectoria como ingeniero. Sin embargo, durante el bachiller sufrí un dilema, que incluso a día de hoy resuena. Durante mi adolescencia, libros de Hawking, Penrose y Sagan, entre otros autores, acompañaban mi mesita de noche. Quizá alguna crisis existencial de por medio. El origen del universo, los agujeros negros, la flecha del tiempo, entre otros fenómenos me hicieron cuestionarme, como a tantos chavales que se inician en estos temas, el lugar que uno ocupa en el universo. Esta deriva cosmológica hizo que dudara si decantarme hacia la física o la ingeniería.

El cómo resolví este dilema fue muy simple llegado el momento, bastó con responder a esta pregunta: ¿Cómo sería más útil para la sociedad? ¿Cómo ingeniero o como físico? Escogí la ingeniería, con la promesa de que algún día retomaría con determinación la vía cosmológica.
Tiempo después llegó la universidad, y salvo por la experiencia de vivir en otro lugar y conocer gente nueva, no fue como yo esperaba. Ese concepto de universidad, tan romantizado en mi cabeza, no era como yo pensaba. A decir verdad, tampoco se me ha dado muy bien nunca atender, por lo tanto, ese lugar tampoco era mi sitio, y tras dos años abandono la universidad presencial. Además, económicamente tampoco era sostenible. Comienzo a estudiar en la UNED, la universidad a distancia, y aunque no conseguí la convalidación de todas las asignaturas, rápidamente me puse al día. Podía gestionar mi tiempo, y compaginar estudios académicos, trabajo, y mis inquietudes autodidactas. Así he seguido desde entonces.
Aquí hecho todo un chavalín haciendo pruebas de conducción con los vehículos de la UMA para competir en la Solar Race: eléctrico enchufable y eléctrico solar.

Mientras trabajo, finalizo la carrera de ingeniería mecánica, aunque presentando un proyecto final orientado al ámbito nuclear. Concretamente en el análisis, clasificación y gestión de los residuos radioactivos producidos en la envoltura DCLL del futuro reactor DEMO (fusión nuclear). La idea era evaluar, para los materiales estructurales de la envoltura, la activación producida, y en que medida se podría gestionar y clasificar. En resumidas cuentas, analizar cómo de limpia podría ser la gestión de los residuos radioactivos producidos por el intenso flujo neutrónico del reactor. Este proyecto es el que me mete de lleno en el mundo de la fusión, aunque debido a mi situación económica, prescindo de seguir la vía académica en dicha área y continuo trabando en el ámbito industrial.
Me formo en diferentes áreas durante los próximos años, adoptando diversos roles y pasando por diferentes sectores. Desde el diseño, la simulación y la planificación hasta la optimización de procesos y el ensamblaje. Sería muy largo exponer todo lo que he ido aprendiendo durante este tiempo en los diferentes trabajos, y sobre todo de manera autodidacta, pero podría destacar:
- Análisis de estructuras
- Planificación de proyectos y producción
- Gestión de equipos y metodología ágil
- Programación en Python y Java
- Tecnología biónica
- Arduino y programación de otro tipo de controladores
- Internet of Things
- ERPs
- Sistemas eléctricos
- Manejo de todo tipo de software de diseño y simulación (Solidworks, Inventor, Fusion360, AutoCAD, nTopology,...)
- Maquetación (InDesign, Canva,..)
- Análisis Monte Carlo
- Bases de datos y análisis estadístico
- Redacción de manuales y fichas técnicas
- Simulaciones térmicas y mecánicas
- Control de costes
- Optimización topológica y diseño generativo
- Estructuras lattice (TPMS)
- Análisis por elementos finitos (FEA)
- ...
Además, en los últimos años, la fabricación aditiva (impresión 3D) ha sido un elemento importante de mi actividad, tanto a título particular como profesional, con dos patentes publicadas en colaboración en el sector de la automoción y una tercera en fase de deliberación.
A día de hoy, compatibilizo el trabajo como ingeniero con otras actividades, como la formación en ingeniería nuclear, principalmente en el ámbito de la fusión, aunque recientemente completé un curso bastante denso sobre salvaguardias nucleares y contabilidad nuclear.
También hace relativamente poco publiqué mi primer libro: "Hacia la cuestión nuclear. Volumen 1: Fundamentos". El primero de varios tomos, y que sirve como introducción, centrándose en los fundamentos de la física nuclear, así como en la historia de los modelos atómicos y la evolución de la tabla periódica. Un libro de divulgación con tintes académicos que busca acercar la física nuclear y sus aplicaciones a los lectores más osados. Sin miedo a las fórmulas y a la diversidad de ámbitos de la física.

Mi proyecto final de máster también aborda la fusión, en concreto trata sobre el impacto de la geometría y la composición de blancos en reactores de fusión por confinamiento inercial, en la producción de neutrones y la tasa de regeneración de tritio. A partir de aquí, mi intención es seguir compaginando mi recorrido como ingeniero junto con el doctorado.

Creo, en mi humilde opinión, e intentando abordar un tema personal con la objetividad oportuna, que he sido más "brillante" como profesional o investigando por mi cuenta que como alumno o académico. Allá donde no había soluciones escritas, o ni siquiera había preguntas. No me considero un gran ingeniero, ni un gran físico, ni mucho menos un buen matemático, pero creo que mi mayor virtud reside únicamente en interconectar ideas, campos, que normalmente están desvinculados. Siempre entre departamentos, evitando los "hashtags", las líneas definidas y las trincheras innecesarias. En general, tanto en lo profesional como en lo académico, he sido bastante "líquido". Incluso en el liderazgo, evitando en la medida de lo posible las relaciones verticales o innecesariamente jerarquizadas. Así he intentado que fuera siempre; siempre que dependiera de mi.
Y aunque mi trayectoria profesional podría considerarse ingenieril, la dedicación del resto de mi tiempo ha ido a diversos ámbitos, y mi contacto con la naturaleza en casi todas sus formas ha estado siempre presente. Colaborando en proyectos medioambientales, conservación y protección animal.
No contemplo mi vida sin ese contacto directo con la naturaleza, y como si de un ritual se tratara, acostumbro a hacerlo sólo. Correr solo, bucear solo, vivaquear solo. A veces también en compañía, pero menos. Creo, y estoy es una cuestión personal, que ciertos momentos solo se aprecian cuando no hay distracciones, no hay conversaciones, y la responsabilidad de la actividad que en ese instante estás haciendo no sé diluye en el grupo.









Es curioso lo normal que nos resulta escuchar sobre nuestro afán por humanizar animales, pero tan ajenos seamos a la falta de «animalización» por nuestra parte. Como si de otro tipo de ente, desvinculado de nuestra naturaleza y el resto del ecosistema, se tratara.
En algún lugar de la Sierra de Andújar, montando un puesto de observación para ver algún "bichejo".

¿Por qué Nexus Cosmicus?
Vienen tiempos difíciles y, a la vez, tiempos de cambio. Todo avanza deprisa y la sensación es que navegamos más por inercia que por rumbo.
Desde este espacio, creo que merece la pena intentar arrojar algo de luz: aportar contexto, criterio y preguntas bien planteadas en medio de la desinformación, la polarización y la economía de la atención. En un entorno donde los titulares compiten por segundos de atención y la conversación pública se llena de atajos, ya sean simplificaciones, bandos o consignas.
Y no se trata solo de “fake news”. A veces la distorsión proviene de cosas más sutiles: métricas que premian lo indignante, algoritmos que refuerzan lo que ya creíamos, y una sobrecarga informativa que nos empuja a elegir relatos cómodos en lugar de modelos que expliquen la realidad.
Es la paradoja de nuestra época: nunca habíamos tenido tanto acceso a la información y, sin embargo, vuelven demonios que creíamos superados. No por falta de datos, sino por exceso de ruido y por incentivos mal alineados.
Mi intención aquí no es “sentar cátedra” ni sustituir el juicio de nadie. Es hacer el ejercicio contrario al que nos empuja la corriente: desacelerar, contrastar, reconocer incertidumbres, y separar lo que sabemos de lo que suponemos. Si consigo que una idea quede un poco más clara, o que una pregunta quede mejor formulada, este rincón ya habrá cumplido su función.

Nexus Cosmicus nace en cierto modo como acto de rebeldía: rebeldía contra la prisa, contra lo efímero, contra la ciencia convertida en consumo de usar y tirar, contra la falsa sensación de estar informados por el simple hecho de estar expuestos a un flujo constante de titulares, hilos y clips. Es una forma deliberada de ir a contracorriente: leer, escribir y pensar con calma.
El propósito de este espacio no es competir por atención, sino merecerla. Tender puentes entre física, ingeniería y biología para recuperar algo que se está perdiendo: el placer de comprender. Un lugar donde no se viene a “ganar un debate”, sino a afinar la mirada: a poner definiciones donde hay eslóganes, modelos donde hay relatos, y matices donde otros piden bandos.
De ahí la apuesta por artículos densos, sin llegar a ser papers, con rigor, referencias y honestidad intelectual: decir “no lo sé” cuando toca, separar hipótesis de hechos, y reconocer la incertidumbre como parte natural del pensamiento científico. Si el mundo empuja a simplificar, este proyecto intenta hacer lo contrario: explicar sin trivializar.
También es un compromiso con la ciencia en español. No como gesto identitario, sino como necesidad cultural: si queremos una sociedad técnicamente más sólida, capaz de decidir mejor y con menos miedo, necesitamos vocabulario, hábito y criterio en nuestra lengua. Divulgar ciencia considero que no es solo “hacerlo fácil” y accesible: es hacer que lo complejo sea transitable sin romperlo. Esto parece sencillo, pero no lo es, y como dice el dicho: «Si realmente sabes algo, deberías ser capaz de explicárselo a tu abuela.»
El Equipo
Para finalizar, creo que merece la pena mencionar lo que no se ve de Nexus Cosmicus: el equipo que lo sostiene y la dinámica de trabajo colaborativo. Un grupo tan heterogéneo como comprometido, unido por una visión común: curiosidad, rigor y ganas de conectar disciplinas sin perder profundidad por el camino.
Cada miembro aporta el conocimiento propio de su ámbito, así como su forma de mirar el mundo. Y aunque nuestras temáticas puedan parecer muy distintas, e incluso en ocasiones lejanas entre sí, ahí reside la clave: trabajamos en conjunto para contrastar ideas, afinar matices, detectar errores, proponer enfoques y, en definitiva, elevar la calidad del contenido. Esa colaboración nos permite abordar artículos y temas que, de otra manera, serían sencillamente inabarcables.
Lo más valioso de todo esto es que no se trata solo de “sumar manos”, sino de sumar perspectivas. Cuando se cruzan física, ingeniería, biología (y todo lo que queda entre medias), aparecen preguntas nuevas y conexiones inesperadas. Y en esencia, de eso se trata, convertir la diversidad del equipo en una brújula para explorar mejor, explicar mejor y construir algo que trascienda lo individual.

Mi línea de publicación
En cuanto a mis líneas de publicación, me gusta explorar la física fundamental (nuclear, partículas y cosmología) y la ingeniería aplicada/tecnología, así como los puntos de intersección entre disciplinas.
Por otro lado, también disfruto escribiendo artículos de zoología, normalmente desde una mirada bastante mecanística, buscando el análisis de los seres vivos desde un prisma más ingenieril.
También me interesa especialmente la evolución y los procesos que moldean la vida, desde las presiones selectivas hasta las “soluciones” que emergen. Además, de forma puntual, incorporo pinceladas de historia y metafísica con tal de invitar a los lectores a la reflexión.