¿Y si el “jardín del Edén” fuera una historia sobre cambio climático?
Durante siglos se ha interpretado al Edén (o jardín del Edén) desde la visión teológica, o bien desde la fábula, pero hay una cuestión que puede encontrarse tras el mito:
¿Y si tras el relato hubiese testimonios ancestrales de cambios climáticos reales que transformaron por completo el paisaje de Oriente Próximo? Esta es una teoría que lleva resonando durante estos últimos años, ahora bien, ¿es cierta?
No se trata de desmitificar o demostrar el relato central del Edén, sino de ver hasta qué punto el contexto en el que nace este mito está marcado por cambios bruscos en el clima y la subida del nivel del mar.
El relato del Jardín del Edén
El jardín del Edén es un relato bíblico que aparece en los primeros capítulos del Génesis y describe un paraíso original creado por Dios para los primeros seres humanos, Adán y Eva. Según la narración, el Edén era un lugar exuberante, lleno de árboles frutales y atravesado por cuatro ríos, donde no existían ni la escasez ni el sufrimiento. Allí, la naturaleza proporcionaba todo lo necesario sin esfuerzo, y los humanos vivían en armonía con su entorno.
El Jardín del Edén con la caída del hombre, pintura de 1617 realizada por Peter Paul Rubens (figuras) y Jan Brueghel el Viejo (flora y fauna).

El Jardín del Edén, posicionado en el panel izquierdo de El jardín de las delicias de Hieronymus Bosch.

Dios impuso solo una norma: no comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal”. Sin embargo, la serpiente convence a Eva de transgredir la prohibición, y Eva a su vez persuade a Adán. Ese acto de desobediencia marca un punto de ruptura: al adquirir conciencia moral, la pareja pierde la inocencia que caracterizaba su vida en el jardín. Como consecuencia, Dios los expulsa del Edén, lo que introduce en la experiencia humana el trabajo, el dolor y la mortalidad.
Expulsión del Edén, de Miguel Ángel. Capilla Sixtina.

El mito, a modo de fábula, expone simbólicamente el origen de la condición humana y de la distancia entre el mundo ideal y el mundo real.
Génesis 2:

"El hombre en el jardín de Edén
Cuando Dios el Señor hizo el cielo y la tierra, 5 aún no había plantas ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra, ni había nadie que la trabajara. 6 Sin embargo, de la tierra salía agua que regaba todo el terreno. 7 Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.
8 Después Dios el Señor plantó un jardín en la región de Edén, en el oriente, y puso allí al hombre que había formado. 9 Hizo crecer también toda clase de árboles hermosos que daban fruto bueno para comer. En medio del jardín puso también el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
10 En Edén nacía un río que regaba el jardín, y que de allí se dividía en cuatro. 11 El primero se llamaba Pisón, que es el que da vuelta por toda la región de Havilá, donde hay oro. 12 El oro de esa región es fino, y también hay resina fina y piedra de ónice. 13 El segundo río se llamaba Guihón, y es el que da vuelta por toda la región de Cus. 14 El tercero era el río Tigris, que es el que pasa al oriente de Asiria. Y el cuarto era el río Éufrates.
15 Cuando Dios el Señor puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara, 16 le dio esta orden: «Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín, 17 menos del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque si lo comes, ciertamente morirás.»
18 Luego, Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él.» 19-20 Y Dios el Señor formó de la tierra todos los animales y todas las aves, y se los llevó al hombre para que les pusiera nombre. El hombre les puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes, y ese nombre se les quedó. Sin embargo, ninguno de ellos resultó ser la ayuda adecuada para él. 21 Entonces Dios el Señor hizo caer al hombre en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de las costillas y le cerró otra vez la carne. 22 De esa costilla Dios el Señor hizo una mujer, y se la presentó al hombre, 23 el cual, al verla, dijo:
«¡Ésta sí que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va a llamar “mujer”, porque Dios la sacó del hombre.»
24 Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona.
25 Tanto el hombre como su mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza de estar así."
¿Existió un Edén histórico?
El relato bíblico sitúa el Edén junto a cuatro ríos, dos de ellos fácilmente identificables: el Tigris y el Éufrates, en la región de Mesopotamia. Desde principios del siglo XX, teólogos, historiadores y arqueólogos han propuesto ubicaciones en torno a la desembocadura de esos ríos y al Golfo Pérsico.
Área comprendida entre los ríos Tigris y Eúfrates. Crédito: Enclopedia Britannica.

Mapa de Pierre Mortier titulado «Mapa de la ubicación del paraíso terrestre y del país habitado por los patriarcas, elaborado para una mejor comprensión de la historia sagrada», por Pierre Daniel Huet (1700).

Trabajos recientes de síntesis subrayan que muchas de las hipótesis modernas sobre el Edén combinan dos ingredientes:
- la geografía real de Mesopotamia y
- los grandes cambios ambientales del final de la última glaciación, en particular la subida del nivel del mar en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.
"El Tigris y el Éufrates corroboran la teoría de Mesopotamia, ya que los ríos abastecían de agua a una extensa llanura aluvial, conocida como la Media Luna Fértil. La región abarcaba los actuales países de Irak, Turquía, Siria, Líbano, Palestina, Israel y [según algunos] Egipto. Durante las estaciones lluviosas, los ríos inundaban los valles, creando un suelo fértil en una región que, de otro modo, sería árida.
(Las tumbas reales de Ur revelaron el esplendor dorado de Mesopotamia).
El clima estable y la fuente de agua fiable de la Media Luna Fértil permitieron a los pueblos antiguos desarrollar sistemas agrícolas, ciudades y sistemas de gobierno en el corazón de los dos ríos. La zona también es conocida como la «cuna de la civilización», término acuñado en el siglo XIX por el egiptólogo James Henry Breasted, quien sostenía que la civilización humana se originó allí, en contra de las opiniones predominantes de la época, que daban prioridad a la antigua Grecia y Roma."
Crédito: Was the Garden of Eden a real place? Here’s what archaeologists think. National Geographic.

Área de la media luna fértil, circa 7500 a. C., con los principales yacimientos del Neolítico Prealfarero. La zona de Mesopotamia propiamente dicha aún no estaba poblada por humanos. Incluye Göbekli Tepe, un yacimiento en la actual Turquía datado hacia el 9000 a. C. Crédito: https://www.wikiwand.com/es/articles/Creciente_f%C3%A9rtil

A día de hoy no hay consenso sobre una localización verdadera, y algunos especialistas ven el Edén como un paisaje simbólico, construido con elementos muy familiares para quienes vivían entre ríos, canales de riego y jardines irrigados en un entorno por lo demás semidesértico.
El cambio climático del final de la última glaciación
Para entender esa geografía, hay que retroceder mucho más allá de la composición del Génesis (siglo VI–I a.C.) y mirar qué pasaba al final de la Edad de Hielo:
- Entre unos 20.000 y 11.700 años antes del presente, la Tierra salió gradualmente de la última glaciación.
- En medio de ese calentamiento ocurrió un episodio brusco de enfriamiento y aridez, el Younger Dryas (~12.9–11.7 ka), que afectó de lleno al Creciente Fértil.
Tras el Younger Dryas, la temperatura y la humedad aumentaron de forma sostenida. En el Levante y el norte de Mesopotamia esto se tradujo en:
- Más lluvias y expansión de bosques.
- Mejores suelos y más recursos silvestres.
- Un entorno ideal para que grupos cazadores-recolectores intensificaran el cultivo de cereales y legumbres.
Es decir, una nueva región que con el paso del tiempo se volvió más verde, tras milenios de condiciones más frías y áridas.
"La interpretación de las secuencias de valores isotópicos en carbonatos pedogénicos del norte de Mesopotamia muestra similitudes con datos arqueobotánicos independientes y datos proxy de isótopos de carbono estable, así como con modelos paleoclimáticos (MCM) para la zona. Tanto el modelo climático como los valores relativamente positivos de δ13C de los restos macroscópicos de plantas carbonizadas sugieren un aumento de la disponibilidad de humedad en la región norte de Mesopotamia a mediados del Holoceno (alrededor de 5000-4000 cal. BP).
Se sugiere una disminución drástica y presumiblemente irreversible de la disponibilidad de humedad aproximadamente en 4000 cal. BP. El modelo climático muestra una clara reducción de los valores de precipitación (P − E < 0) en ese momento, y la composición isotópica del carbono del material arqueobotánico experimenta un claro cambio hacia valores más positivos. Se necesitan más investigaciones para mejorar la cronología de los proxies."
Crédito:
Local Holocene environmental indicators in Upper Mesopotamia: Pedogenic carbonate record vs. archaeobotanical data and archaeoclimatological models. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S104061820800219X
Nace la agricultura en el Creciente Fértil
Los datos arqueobotánicos y de isótopos en granos de cereal y restos de suelos muestran que:
- La domesticación de trigo y cebada en la Alta Mesopotamia y el Levante se da en un contexto de suelos húmedos y fértiles al comienzo del Holoceno
- El aumento de temperatura y humedad tras el Younger Dryas favoreció la productividad natural, lo que permitió a las comunidades experimentar con el cultivo y, finalmente, depender de él.
Ahora bien, a largo plazo, ese “paraíso agrícola” fue tornándose más hostil:
- La fertilidad de los suelos se fue degradando con el cultivo continuo.
- El clima no permaneció estático: hubo oscilaciones, fases más secas, eventos de desertificación que obligaron a intensificar el riego y reorganizar las sociedades.
Algunos historiadores del clima han señalado lo sugerente que resulta leer el pasaje bíblico donde la humanidad pasa de un jardín regado “sin esfuerzo” a tener que “labrar la tierra” como un eco cultural de esa transición desde la abundancia silvestre hacia una agricultura trabajosa y vulnerable al clima.
No es una prueba, pero sí una posible pista: un mundo “de caza y recolección” percibido como jardín natural frente a un mundo de esfuerzo agrícola condicionado por la lluvia.
https://repositori.udl.cat/server/api/core/bitstreams/36862fea-0d57-4a17-ac36-f41709b654b6/content

El oasis sumergido: la hipótesis del Golfo Pérsico
Aquí entra en juego uno de los escenarios más comentados: el oasis del Golfo Pérsico.
- Durante la última glaciación, el nivel del mar estaba decenas de metros por debajo del actual.
- El Golfo Pérsico, en vez de ser un mar poco profundo, era una gran llanura atravesada por los paleo-cauces del Tigris, Éufrates y otros ríos, con zonas de humedales y probablemente muy fértil.
Imagen conceptual generada con Gemini de como podría ser esa gran llanura fértil.

- A medida que el clima se calentó, el nivel del mar subió y esa llanura fue inundada, formando el golfo actual. La transgresión marina se desacelera hacia el Holoceno medio (hace ~8–6 ka), justo cuando vemos grandes cambios en los asentamientos humanos de la región.
El arqueólogo Jeffrey Rose formuló la idea de que esa llanura —rica en agua, fauna y suelos— pudo ser un refugio clave para poblaciones humanas en los periodos más secos, un auténtico oasis de larga duración. Cuando el mar avanzó y la llanura desapareció bajo el agua, esas poblaciones se habrían dispersado hacia los márgenes, llevando consigo recuerdos de una “tierra perdida” muy fértil.
Algunos divulgadores y biblistas han vinculado esta “tierra perdida bajo el mar” con el imaginario del Edén y, más tarde, con mitos de inundación y paraíso en Mesopotamia. National Geographic, por ejemplo, menciona explícitamente el papel de la subida del nivel del mar y del cambio climático del final de la Edad de Hielo en las teorías modernas sobre el Edén.

Jardines en el desierto: clima, ciudades y paraísos
Durante el Holoceno:
- El inicio del periodo se caracteriza por fases más húmedas y cálidas que favorecen agricultura de secano en el norte de Mesopotamia.
- Hacia el Holoceno medio se alcanza un “óptimo” hidroclimático con niveles altos en lagos y expansión de bosques, seguido de una tendencia a mayor aridez en muchos sectores.
- La presión climática y demográfica impulsa irrigación a gran escala, intensificación agrícola y concentración de población en los valles aluviales del Tigris-Éufrates, en paralelo al surgimiento de ciudades-estado sumerias y posteriores.
En un entorno cada vez más árido, la idea de un jardín intensamente irrigado, lleno de árboles frutales y canales, se convierte en la imagen por excelencia del bienestar. No solo en la Biblia: textos mesopotámicos hablan de jardines reales y divinos como espacios de abundancia y orden frente al caos del desierto.
Esta imagen del jardín del Edén encaja a la perfección con el anhelo de paisajes más verdes perdidos por cambios ambientales y de como esta nueva realidad casa con la aparente experiencia cotidiana de sociedades que dependen de complejos sistemas de riego. Es una suerte de nostalgia por llanuras fértiles borradas por la subida del nivel del mar o debido a la salinización de los suelos.
¿Podemos afirmar que tras los sucesos vinculados con el Edén se encuentra un cambio climático?
Con los datos actuales se puede argumentar con cierta seguridad que:
- El Próximo Oriente experimentó cambios climáticos fuertes entre el final de la glaciación y el Holoceno medio (enfriamientos bruscos, fases más húmedas, subida del nivel del mar, luego aridificación parcial).
- Esos cambios están estrechamente relacionados con el origen de la agricultura y de las sociedades urbanas en el Creciente Fértil.
- Los relatos del Génesis usan motivos, paisajes y símbolos muy propios de Mesopotamia, reelaborando tradiciones locales sobre jardines, ríos y grandes inundaciones.
Lo que no podemos afirmar con rigor:
- El Edén fue exactamente la llanura sumergida del Golfo Pérsico,
- o que el mito es un “registro histórico directo” de un evento climático concreto.
Lo razonable es por tanto, hablar de correspondencias:
- Cambios climáticos → transformaciones drásticas del paisaje y de los modos de vida.
- Transformaciones drásticas → necesidad de narrarlas, dotarlas de sentido, convertirlas en historias sobre pérdida de un paraíso, expulsión, trabajo duro, inundaciones, etc.
Ahí es donde el cambio climático prehistórico permea de manera sutil en el imaginario, que acabará materializándose en el “jardín del Edén”, entre otros relatos mitológicos de otras civilizaciones.
Así como aquellos cambios naturales del clima forzaron a las primeras sociedades agrícolas a reinventar su relación con la tierra, hoy nos enfrentamos a un cambio climático también patente, así como a un deterioro continuo de los ecosistemas. Si el Edén habla de un jardín perdido por un por un acto de desobediencia que rompe la relación armoniosa original, quizá la lección contemporánea no sea buscar un paraíso geográfico, sino aprender a cuidar el "jardín" que ya tenemos.





